Las mejoras tecnológicas apuntan a que el consumo de estos combustibles por tonelada-kilómetro transportada sea reducido, ya que así también hay una reducción de gases contaminantes y material particulado.
El impacto no es solo local, en cuanto al estado del aire que respiramos, sino que internacional, en lo que respecta a la emisión de gases de efecto invernadero. Cambios en la estructura de los viajes vía modificaciones en la partición modal y la integración entre modos, como es el caso de la integración del transporte ferroviario y caminero, son ejemplo de estas intervenciones positivas.
Sin embargo, en la triada de la sustentabilidad, sostenida por una buena gobernanza, tenemos que considerar el impacto que tiene la carga en el entorno por el cual circula. Si bien las personas estarían accediendo a bienes y servicios con un menor precio, en un ambiente menos contaminado, el territorio estaría siendo fragmentado por esos productos que lo cruzan.
Dado esto, la complejidad estará en avanzar en mejoras en eficiencia y menor daño ambiental de la
cadena logística, pero incorporando explícitamente a todos los agentes en el balance de la ecuación. Esto es particularmente relevante en el área portuaria metropolitana del Gran Concepción, por la afectación a las comunidades en las zonas aledañas a los puertos.